El salto al mundo real.

Nuestro sistema educativo se basa en absorber conocimientos y vomitarlos frente a una hoja de papel. Hasta ahí, todas las personas están capacitadas para el trabajo.

Llegó el día. Sales al terreno de juego y estás más perdido que cuando cogiste tu primer libro. No sabes qué hacer, cómo evolucionarán tus decisiones ni cómo preveer el final. Todo este sentimiento se extrema cuando tratamos con personas que necesitan tu ayuda. ¿Estarás a la altura? Puede que tu primera respuesta sea que no, pero no lo des todo por perdido. Tienes algo dentro de ti que un día decidió trabajar en esto, en ayudar a personas con necesidades, en ser mejor persona a través de los demás.

El día que naciste, un duende nació contigo y ha estado toda tu vida diciéndote que cuidar a los demás te hará feliz, que es algo que pocas personas pueden llegar a hacer bien, porque la técnica es lo de menos. Ese duende te hablaba de sonreír a las personas, de tratar con respeto y de transmitir seguridad. Ahora ese pequeño monstruito ha crecido contigo y te ayuda a levantarte en los momentos que crees que no podrás hacerlo, porque el camino no es fácil.

Busca a tu duendecillo y explótalo al máximo, ya se encargará el propio sistema de frenarte o hacerte caer.

¿Tienes miedo? Es comprensible, empezar de nuevo nunca fue fácil. No hay una asignatura en la carrera que te enseñe trucos para sobrevivir a las prácticas en el hospital, es más, los muñecos ni siquiera se quejan si les haces daño.

Valora todo el empeño y compromiso que has llevado hasta aquí. ¿Ha merecido la pena? Solo por ver a las personas sonreír cuando únicamente quieren llorar, eso significa que valió la pena todo el turbulento recorrido.