La muerte.

La muerte es una de las palabras que todas las personas intentan evitar. Sin embargo, es un fin inapelable. La incertidumbre sobre lo que habrá más allá de la parada de nuestro funcionamiento fisiológico provoca un miedo en la sociedad.

Considero que se deberían diferenciar dos tipos de muertes: las naturales y las accidentales. Aunque ambas tienen el mismo fin, realmente el ser humano teme más a la natural que la accidental. Por ejemplo, una persona que es atropellada por un coche de camino al trabajo y muere en el acto, ha vivido hasta ese momento. Sin embargo, una persona con un proceso terminal tiene muchos momentos en los que se pregunta: ¿Cómo es morir? ¿Morir duele? ¿Cuánto tiempo me queda de vida? ¿Qué pasará cuando yo no esté? Esta serie de preguntas alteran su sistema emocional en todos sus aspectos e impiden a la persona disfrutar de su tiempo.

A mi edad, no se suele uno preguntar sobre este concepto, pues la juventud queda lejos de los cementerios, según las leyes de la naturaleza. Sin embargo, en varios momentos me he parado a pensar en este concepto y creo que eso me ha hecho tener sentimientos contradictorios. Por un lado, temo la pérdida de las personas que me rodean e incluso me da miedo la sensación que se produce en el momento de la muerte. No obstante, soy consciente de que todas las personas tenemos un fin y que, mejor tarde que temprano, ese va a llegar. Por ello, pienso que es necesario que ese único tiempo del que disponemos sea exprimido al máximo de la manera que uno quiera y pueda.

Una persona muy importante me enseñó en su día que "Vivir es increíble" y por ello creo que todo el tiempo que podamos compartir con los mortales será decisivo para que, cuando nos vayamos, seamos inmortales.