Las miradas.
Cuánto me gusta hablar de las miradas. Parece un gesto tan insignificante…
Dos personas dentro del mismo local cruzan sus miradas. Ella le mira y él la está mirando. No entienden por qué, pues no se habían visto antes. Alrededor se crea una especie de vínculo al que nadie puede añadirse. Puede que uno de los dos empiece a sonrojarse, el otro se toque el pelo o incluso intente quitar la mirada sin éxito.
Hasta que no pasa una persona y atraviesa ese hilo que les unía, no consiguen despegar sus ojos. Qué extraño, ¿verdad? Muchas veces nos preguntamos qué será eso de la química, de los flechazos y de la atracción, pero no nos damos cuenta que todo radica en la mirada.

Cuando dos personas se miran, están permitiendo que uno entre y conozca los sentimientos de la otra persona, sin tapujos ni excusas. La mirada revela todo lo que una persona pretende ocultar al mundo, por eso sólo los privilegiados pueden conseguir mirar a alguien y no sólo verlo.